Paseando por el desfiladero

Hace más de dos meses que, por una vez, algo salió bien u planeado. Tal como lo habíamos imaginado.

Fue un fin de semana lleno de aventuras, de celebración, de despedidas, de aventuras… Fue un fin de semana bonito. Como hacía tiempo que no lo había vivido.

Y, junto con los amigos de siempre, después de haber pasado largos ratos caminando y al borde casi del colapso de azúcar nos subimos el domingo al tren que nos llevaba hasta un sitio espectacular, maravillo y recóndito.

Allí, entre el embalse y carreteras muy estrechas discurre un camino difícil, complicado a la par que relajante, ameno, bonito y muy, pero que muy impresionante. El caminito del Rey.

Desde luego todas las palabras se quedan cortas, porque la mejor sensación es ir, verlo y aguardar a las sorpresas, adrenalina y fotos que guarda aquel paraje.

No hay que irse muy lejos para disfrutar de vistas espectaculares, claro está, que de la compañía se puede decir lo mismo.

Cuando se elige bien el quién y el quién que tú quieres, el cómo y el dónde es complementario.

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